Juntos haciendo el camino

Desfibriladores implantables, el salvavidas cardíaco frente a la muerte súbita.

Intervenir de forma rápida con una descarga eléctrica es un tratamiento eficaz, pero no siempre existe un dispositivo de desfibrilación externo cerca. En estos casos, llevar un Desfibrilador Automático Implantable (DAI) puede suponer una diferencia vital

Desfibriladores implantables, el salvavidas cardíaco frente a la muerte súbita | ConSalud

  • Avances en el tratamiento del cáncer colorrectal y las cirugías digestivas
  • ¿Cada vez sufren más infartos los jóvenes o se ha mejorado la detección?

En torno a 35.000 personas fallecen cada año en España por muerte súbita, casi un centenar al día. Y la mayoría de ellas muere por un fallo cardíaco llamado fibrilación ventricular que provoca que el corazón pierda su capacidad de contraerse de forma organizada y deje de latir. Intervenir de forma rápida con una descarga eléctrica es un tratamiento eficaz, pero no siempre existe un dispositivo de desfibrilación externo cerca. En estos casos, llevar un Desfibrilador Automático Implantable (DAI) puede suponer una diferencia vital. 

Sobrevivir o no a una fibrilación ventricular depende en gran medida de un solo factor: el tiempo. Se calcula que por cada minuto de demora en el tratamiento existe un 10 por ciento menos de posibilidades de que el paciente se recupere. La víctima de muerte súbita pierde en primer lugar el pulso, y en pocos segundos, pierde también el conocimiento y la capacidad de respirar. Si no recibe atención inmediata, la consecuencia es el fallecimiento al cabo de unos minutos.  

Pero si actuamos de forma rápida, disponemos de un tratamiento eficaz que puede evitarlo: la desfibrilación, un procedimiento que consiste básicamente en “resetear” o “reiniciar” desde cero el corazón para que pueda recuperar su ritmo habitual y se consigue administrando una alta descarga eléctrica -aunque controlada- con un desfibrilador. Esencialmente lo que hace este dispositivo es descargar la actividad eléctrica de todas las células del corazón a la vez.  

“Entre un 20 o 30 por ciento de la población tiene una muerte súbita en casa por causas cardiacas”

Pero no siempre ocurre el fallo cardíaco cerca de un dispositivo externo de desfibrilación, ni cerca de personas que sepan utilizarlo o que puedan mantener el corazón activo mediante reanimación cardiopulmonar hasta que lleguen los servicios de emergencia. De hecho, el doctor Antonio Esteban Luque, jefe de Cardiología del Hospital Quirónsalud Málaga, nos advierte que “entre un 20 o 30 por ciento de la población tiene una muerte súbita en casa por causas cardiacas”. 

Para prevenir este tipo de fallecimientos existen los Desfibriladores Automáticos Implantables (DAI), unos pequeños dispositivos eléctricos capaces de detectar si nuestro corazón late a un ritmo inadecuado y generar una alta descarga eléctrica para corregirlo. 

¿DESFIBRILADOR AUTOMÁTICO IMPLANTABLE O MARCAPASOS? NO SON LO MISMO 

Aunque ambos son dispositivos médicos implantados para regular el ritmo cardiaco mediante impulsos eléctricos, en realidad son muy distintos entre sí y se utilizan para tratar dolencias muy diferentes. 

El marcapasos es un dispositivo que se implanta para tratar ritmos cardíacos lentos (bradicardia). Su función principal es monitorizar el ritmo del corazón y, cuando detecta que es demasiado lento, envía impulsos eléctricos de baja energía para estimular el corazón a latir a un ritmo normal. 

Mientras que el marcapasos ayuda a mantener un ritmo cardíaco normal, el DAI actúa como un salvavidas, protegiendo contra arritmias que pueden resultar letales

Los desfibriladores automáticos implantables (DAI) son lo opuesto: están diseñados para tratar ritmos cardíacos peligrosamente rápidos (taquicardia ventricular o fibrilación ventricular) potencialmente mortales. Cuando detecta una arritmia peligrosa, administra descargas eléctricas de alta energía para restablecer un ritmo cardíaco normal.  

En resumen, mientras que el marcapasos ayuda a mantener un ritmo cardíaco normal, el DAI actúa como un salvavidas, protegiendo contra arritmias que pueden resultar letales. 

Sí tienen en común la forma de colocación: generalmente debajo de la piel en la parte superior del pecho y sus electrodos se conducen hasta el interior del corazón a través de una vena, la subclavia en la mayoría de los casos. Se trata de una intervención sencilla y relativamente frecuente que suele realizarse con anestesia local. 

¿DEBERÍA PLANTEARME LLEVAR UN DAI? 

La implantación o no de un DAI es una decisión que tomará siempre nuestro cardiólogo -especializado en electrofisiología- en función de criterios como, por ejemplo, nuestra edad y la probabilidad de sufrir un problema cardíaco (episodios anteriores, historial familiar, estado de vida y salud, etc.).  

Según el jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Málaga, el doctor Antonio Esteban Luque, «se calcula que el 15% de los españoles mayores de 50 años padecen algún tipo de arritmia, siendo una de las principales causas de ingreso hospitalario en relación con una enfermedad cardiovascular». En estos casos, la decisión se tomará según el tipo de arritmia, la gravedad de la misma, la presencia de enfermedades cardíacas subyacentes y el riesgo general del paciente. 

«Se calcula que el 15% de los españoles mayores de 50 años padecen algún tipo de arritmia, siendo una de las principales causas de ingreso hospitalario en relación con una enfermedad cardiovascular»

Si hablamos de personas jóvenes, la fibrilación ventricular que puede desencadenar una muerte súbita es bastante rara y suele estar relacionada con enfermedades cardiacas previas de origen congénito que pueden afectar tanto al músculo del corazón (miocardiopatías, entre ellas la más frecuentemente asociada es la miocardiopatía hipertrófica), como a la actividad eléctrica del mismo (canalopatía, como el síndrome de Brugada o el síndrome de QT largo).   

El problema radica en que, en muchos casos, no somos consciente de estas cardiopatías hasta que puede ser demasiado tarde. Lamentablemente, la muerte súbita en deportistas jóvenes españoles, aunque relativamente infrecuente, es una realidad.  

Según estudios recientes, la incidencia se sitúa en torno a 0,38 casos por cada 100.000 habitantes al año, cifra que asciende a 0,82 entre deportistas habituales. Un dato relevante es que la mayoría de los casos (96%) ocurren en deportistas recreativos, no profesionales. Los deportes con mayor incidencia son el ciclismo, el fútbol y la carrera a pie. La prevención, mediante reconocimientos médicos deportivos y la disponibilidad de desfibriladores, es fundamental para reducir estos sucesos. 

«Este avance nos acerca a una posible cura para esta devastadora enfermedad»

En este estudio, que se publica en la revista Circulation Research, los investigadores del CNIC han diseñado una terapia génica basada en vectores virales adenoasociados (AAV), una plataforma segura para su uso en humanos, con el fin de introducir una copia funcional del gen TMEM43 en las células cardíacas de ratones.

Una única dosis del tratamiento fue suficiente para prevenir las alteraciones eléctricas y estructurales típicas de la enfermedad. «Este avance nos acerca a una posible cura para esta devastadora enfermedad», explica la Dra. Laura Lalaguna, primera autora del estudio. «Al aumentar la cantidad de proteína TMEM43 sana en el corazón, logramos contrarrestar los efectos tóxicos de la proteína mutada, mejorando la función cardíaca y ralentizando la progresión de la enfermedad», añade.

«La terapia génica basada en AAV tiene un gran potencial para ofrecer soluciones específicas y curativas, no solo para la ARVC5, sino también para otros trastornos cardíacos hereditarios»

Por su parte, el Dr. Enrique Lara-Pezzi, afirma que este trabajo abre nuevas posibilidades terapéuticas para otras miocardiopatías hereditarias, un grupo de enfermedades para las que los tratamientos actuales contra la insuficiencia cardíaca a menudo resultan ineficaces. «La terapia génica basada en AAV tiene un gran potencial para ofrecer soluciones específicas y curativas, no solo para la ARVC5, sino también para otros trastornos cardíacos hereditarios», afirma.

Este estudio marca un paso clave en la búsqueda de tratamientos más efectivos para enfermedades raras y podría transformar el pronóstico de los pacientes afectados, aliviando la carga de las enfermedades cardíacas hereditarias y reduciendo la necesidad de un seguimiento médico constante, lo que beneficiaría tanto a los pacientes como a los sistemas de salud.