Juntos haciendo el camino

La UV pone el foco en una conexión clave para la salud: cáncer y corazón comparten un mismo motor metabólico.

La UV pone el foco en una conexión clave para la salud: cáncer y corazón comparten un mismo motor metabólico

La ciencia lleva años estudiando por separado el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, pero una revisión liderada por la Universitat de València invita ahora a mirarlas desde otra perspectiva. El trabajo, publicado en la revista Seminars in Cancer Biology, analiza investigaciones recientes que apuntan a una base metabólica compartida entre ambas patologías y sitúa el metabolismo, especialmente el de los lípidos, como uno de los grandes puntos de conexión.

La investigación ha sido realizada por el Laboratorio de Autofagia y Nutrición Oncológica, un nuevo equipo integrado en el Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública, Ciencias de la Alimentación, Toxicología y Medicina Legal de la Universitat de València, bajo la dirección del profesor Julio Madrigal-Matute.

La revisión, cuya primera autora es María Llena-Meler, reúne y ordena la evidencia científica más reciente sobre cómo determinadas alteraciones metabólicas pueden intervenir tanto en el desarrollo del cáncer como en la aparición de enfermedades cardiovasculares. La doctora Noemí Rotllan, autora de correspondencia, trabaja en esta línea desde el Hospital Sant Pau de Barcelona, mientras que Alberto Canfrán-Duque, también firmante del artículo, desarrolla su labor investigadora en el Departamento de Microbiología del NYU Grossman School of Medicine.

Una mirada conjunta a dos de las enfermedades más letales

El interés de esta revisión no está solo en lo que explica, sino en cómo lo conecta. Durante décadas, oncología y cardiología han recorrido caminos paralelos, pese a que el cáncer y la enfermedad cardiovascular figuran entre las principales causas de mortalidad en el mundo. El artículo plantea que no se trata de procesos completamente independientes, sino que pueden entenderse también como manifestaciones distintas de desequilibrios sistémicos en los que intervienen el metabolismo, la inflamación y el sistema inmunitario.

“La principal aportación del artículo es integrar y revisar evidencias que sugieren que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares comparten bases metabólicas y mecanismos biológicos clave, algo que en los últimos años está cobrando cada vez más relevancia en la investigación biomédica”, explica Julio Madrigal.

Ese cambio de enfoque resulta especialmente relevante porque abre nuevas vías para la prevención y para el desarrollo de terapias más precisas. También refuerza la idea de que algunos hábitos cotidianos pueden influir a la vez en el riesgo de sufrir ambas patologías.

Los lípidos, en el centro de la conexión

Uno de los ejes principales del trabajo es el metabolismo lipídico. Los lípidos cumplen funciones esenciales en el organismo: forman parte de las membranas celulares, almacenan energía y participan en la señalización entre células. Pero cuando ese equilibrio se altera, sus efectos pueden ser muy distintos y, al mismo tiempo, convergentes.

En el caso del cáncer, las células tumorales pueden reprogramar su metabolismo lipídico para crecer, multiplicarse y obtener energía. En las enfermedades cardiovasculares, el exceso de colesterol y triglicéridos favorece la aparición de placas ateroscleróticas, depósitos de grasa que se acumulan en el interior de las arterias y dificultan la circulación sanguínea.

La revisión pone el foco precisamente en esa coincidencia: un mismo terreno metabólico alterado puede facilitar procesos patológicos distintos, pero relacionados entre sí.

Inflamación crónica, tejido adiposo y sistema inmunitario

La investigación también subraya el papel del tejido adiposo, mucho más complejo de lo que durante años se pensó. No actúa solo como reserva energética, sino también como un órgano endocrino capaz de producir hormonas y citoquinas. Cuando aumenta en exceso, como sucede en situaciones de obesidad, puede entrar en un estado de estrés e inflamación crónica.

Ese entorno inflamatorio sostenido no solo se ha asociado con resistencia a la insulina o daño vascular. También puede favorecer el crecimiento tumoral. En ambos escenarios interviene además el sistema inmunitario, con especial protagonismo de los macrófagos, células cuya función puede alterarse cuando la inflamación se mantiene en el tiempo.

La literatura revisada muestra que esa inflamación crónica actúa como otro nexo importante. En las arterias, contribuye al desarrollo de la aterosclerosis. En los tumores, favorece procesos como la proliferación celular, la angiogénesis o la evasión del sistema inmunitario.

El inmunometabolismo gana peso

De esa convergencia entre metabolismo, inflamación y respuesta inmunitaria emerge el concepto de inmunometabolismo, un campo cada vez más presente en la investigación biomédica. Esta perspectiva integra conocimientos de oncología y cardiología para estudiar cómo genética, metabolismo e inflamación no funcionan de forma aislada, sino como una red biológica interconectada.

El artículo revisa precisamente esa red compartida y plantea que comprenderla mejor podría facilitar la identificación de biomarcadores comunes y el diseño de terapias metabólicas e inmunológicas más afinadas.

Además, aborda el papel de los ARN no codificantes, moléculas que no producen proteínas pero sí regulan qué genes se activan o se silencian dentro de las células. Estas moléculas actúan como nodos reguladores capaces de integrar señales metabólicas e inmunológicas, y sus alteraciones se han asociado tanto con el cáncer como con la aterosclerosis.

Dieta mediterránea, ejercicio y prevención

Uno de los puntos con más proyección social del trabajo es su implicación preventiva. Según la revisión, distintos estudios apuntan a que intervenciones sobre el estilo de vida, como la dieta mediterránea, el ejercicio regular o la restricción calórica, pueden reducir la inflamación sistémica y mejorar el perfil lipídico, con posibles beneficios tanto en el ámbito cardiovascular como en el oncológico.

“La evidencia acumulada sugiere que modificar hábitos como la dieta o el nivel de actividad física puede influir en mecanismos biológicos implicados en ambas patologías”, señala Julio Madrigal.

Eso no significa que cáncer y enfermedad cardiovascular puedan abordarse de la misma manera ni que exista una solución única, pero sí refuerza una idea cada vez más sólida en ciencia: cuidar el metabolismo no solo importa para una parte del cuerpo, sino para múltiples sistemas al mismo tiempo.

Una línea de investigación que empieza a crecer

El trabajo supone además la primera publicación del grupo en este formato de revisión y marca una línea de investigación que ya se está incorporando a las tesis doctorales del laboratorio. El objetivo es impulsar una aproximación más interdisciplinaria entre nutrición, metabolismo, cáncer y enfermedad cardiovascular.

En palabras de Julio Madrigal-Matute, “este trabajo revisa evidencias que están emergiendo en distintos campos y que apuntan a una conexión metabólica entre cáncer y enfermedad cardiovascular”.

Más que cerrar respuestas, la revisión abre una pregunta de enorme alcance: si ambas enfermedades comparten parte de su base biológica, quizá la prevención del futuro también deba pensarse de forma conjunta.